jueves, 22 de noviembre de 2018

Artificio


No queremos una vida cómoda, queremos una vida con significado...

Recuerdo los últimos días del fin cuando el artificio estaba a la orden del día. Embrutecidos estabamos con los teléfonos móviles, fascinados por sus sorprendentes avances, que hasta insluso los llamabamos dispositivos inteligéntes sin darnos cuenta que eran las correas con las que nos ataban. En esos tiempos antes del evento sustituimos las viejas llamadas telefónicas por mensajes de texto, existían las redes sociales  donde considerabamos que era más importante ganar "likes" que medían nuestra supuesta popularidad que en construir y crear verdaderas relaciones con la gente a nuestro al rededor.

Solíamos a admirar a artistas,  actores, modelos o personas que lograron conseguir ciertas cosas en ese sistema enfermo, pero carentes de un heroísmo o un contenido real o de una verdadera utilidad para los demás humanos. Ya que sus aportes o méritos reales en realidad eran pocos ya que practicamente todo se basaba en el culto a la personalidad.

Creo en el fondo que esto se debió  al sistema cabalista imperante en esos momentos y del cual formabamos todos parte, hasta que nos dimos cuenta, en ese sistema se intercambiaron los valores reales y ancestrales inherentes al ser humano por otros ficticios, basados en deseos irreales y fantasías en la búsqueda únicamente del placer a costa de lo que fuera.

Generaban competencia, envidia, deseos, movimientos para tenernos divididos e iconformes con nuestra propia vida pues debíamos cumplir con sus estandares altos y ficticios para sentirnos aceptados y en realidad nadie tenía la certeza que brinda la seguridad, pues caríamos totalmente de ella lo cual ocasionó que esta, la aceptación se volviera como una droga de la cual necesitabamos una dosis aún mayor pues creíamos así llenar el vacío en nuestro interior. Ya que el deseo del ego nunca se satisface y lejos estabamos de cubrir nuestras necesidades reales pues el ruido hacía imposible escuchar nuestro propio corazón.

Vagabamos por el mundo solitarios y asustados en un entorno que no era el nuestro, un día amabamos al otro día odiabamos pero nada era real, sólo eran impulsos y reflejos. Vivíamos en un estado automático de sueño casi siempre en el pasado o en el futuro pero nunca en el presente. Vaya que estabamos perdidos, en el fondo sabíamos que algo no marchaba bien, había una voz muy tenue que gritaba profundamente reclamando nuestra atención, nuestra parte comprensiva y compasiva pero de una determinación indestructible que nos recordaba la fragilidad de este falso mundo lleno de artificio que añoraba lo REAL.

Temíamos al compromiso en esa etapa, buscabamos donde no debíamos, quizás así tenía que ser para COMPRENDER, ya saben prueba y error, no hay otra forma...a veces. Sólo podemos levantarnos después de que hemos caído, en el fondo no habíamos dejado de ser niños, el ser humano no es malo por naturaleza, esta tiene otro origen y una causa muy específica, pero sosmos sumamente influenciables y así fue como llegamos a este extremo de despreciar a otros como reflejo del desprecio que sentimos por nosotros mismos, a falta de nuestro propio perdón.

Un ser humano es capaz de crear, ni siquiera los demonios tienen ese poder por eso nos nesecitaban, no eramos conscientes de nuestro poder y nos conformabamos con sus migajas, bendito el día que abrimos los ojos y nuestro corazón....