viernes, 26 de junio de 2015

La llave

¿Quien es el carcelero de esta prisión sin rejas? 

Buscando entre la espesa niebla de pensamientos ajenos y multiples caras sin rostro, caminamos por un laberinto de fantasías que no se cumpliran pero que nos empeñamos en alimentar por que se camuflan de sueños son las paredes que no nos dejan ver, son las paredes que se extienden por ese basto terreno de ilusiones que nos fascinan, las mentiras que sirven de alimento al minotauro.



Y constantemente imploramos señales al cielo, pero ignoramos groseramente las verdades que nos grita el corazón, constantes voces tratan de convecerte...si tan sólo guardaramos silencio por un instante. Incansable espera el momento adecuado de los que aún no estan listos, por que falta poco aunque tengamos una eternidad ¿hasta donde estas dispuesto a soportar antes de escucharte a ti?




En nuestra ceguera no comprendemos lo inconmesurable de la palabra incondicional y la confundimos con la indiferencia, por que esta última la conocemos bien, cuando en la calle vemos a un mendígo pidiendo ayuda pero seguimos de largo por que no queremos ni ver, ni escuchar. Pareciera que nos empecinamos en no ayudar al que necesita ser ayudado y en dar a manos llenas al que le sobra ¿es que acaso estamos alrevesados, como si estuvieramos del otro lado del espejo?. Tan perdidos estamos en el laberinto que hemos olvidado que todos estamos conectados (IN LAK'ECH - HALA KEN), ¿has olvidado lo bien que se siente ayudar a los demás sin esperar nada a cambio? o que me dices cuando eras niño y jugabas con tus amigos, cuando te subías a aquel árbol, cuando llovía era causa de alegría por que hacías barcos de papel y no un pesar por que se mojara tu bonita ropa, cuando jugabas a las canicas con los vecinos cuando todo era posible y no te preocupabas por saber que era la vida por que la vivías...parece que hemos olvidado tanto, quizás en esa niñez sabíamos lo que nos pasaría después y nos dejamos pequeñas migajas en el camino para saber como regresar.



En nuestra ceguera muchas veces pedimos lo que no damos, !oh, ya no hay amigos de verdad! ¿pero tú lo eres? queremos dar lo que nos sobra, primero yo, luego yo al final yo y si sobra bien y si no...si todos hicieran lo mismo, entonces ¿quien te engaña?

Pareciera esto un descampado desolador, en el laberinto al menos ves los muros, pero hay algo oculto que esta a la vista para cuando lo quieras ver, tú tu peor juez, tú tu propio verdugo, dictas el veredicto y tu condena: volver a repetirlo, las mismas situaciones, los mismo problemas, la culpa entonces no libera al contrario. 

El perdón es la llave.






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